Estoy aprendiendo
que los hombres
vienen y van.
Y que es el tiempo
quien debe esperar
a que el corazón y la cabeza
cohexistan en paz.
Pero entonces la rutina
se instauraría
como estilo de vida y
¿A caso quieres eso de verdad?
Con lo caótico que es
concordar el deseo con el deber.
Humedad en tus entrañas,
lujuria y en ocasiones
hasta migraña.
Y no es que quiera rebatir
mis propias lecciones.
Pero anhelo ardor y pasión,
sudor y depravación.
Y para ello necesito
a los hombres
aunque sepa que
no van a romper el molde.
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