lunes, 10 de octubre de 2011

Luna de plata

De los suburbios de mi inocencia hago mella, presión y rescato lo que me queda de decencia. Y es que cuando te riges por un código estricto, siempre terminas siendo prisionero de tu propio laberinto.
No hay espías ni vigías que puedan acecharte. O lo tomas o lo dejas, es el precio que se paga por formar parte de algo que yo consideraba un arte.
La cultura que subyuga los dominios de un aquelarre. Ten cuidado y no sucumbas soy aquella que te puede enloquecer y llevarte a la tumba. Bien lo sabes... soy la décima meretriz, la que más poder tiene sobre ti.
Ni suplicios ni plegarias, se bueno y no extenderé mis alas.
Suena prometedor saber que quien nos tiende una mano jamás lo hace en vano, por eso meceré tu cuna, excomulgándome así de culpa, velando por tu alma, las noches que no haya luna.


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