Me muevo al son
de estos pequeños momentos.
Al ritmo de tu desacompasada respiración,
mi corazón va un segundo mas lento.
Bailamos la melodía
de los amantes discretos.
Es innevitable pecar de indiferente
a los ojos de la gente.
Así que préstame tu mechero,
yo busco mi tabaco
y acéchame en aquel callejón siniestro
mientras los hacemos en este lugar
sucio y destartalado,
hasta que el cigarro se consuma a dos tiempos,
allí donde se mezcla lo dulce y lo salado.
Es un bucle intenso
entre lo que es correcto
y lo que se ve perverso.
Eternamente perturbados,
sexo y amor caminan de la mano.

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