Un sibarita genocida
con aires petulantes.
Esperando a disfrazar
su basta inteligencia
con barbitúricos que venden
en el estanco de la esquina.
Sin dejar de acechar
la corta minifalda
de la dulce Lorena.
humedece su mente
imaginándose a esta niña
jugando con sus trenzas.
¡Callaros la puta boca!
Porque esto no es una trama
de mi mente enferma,
tan solo son sucesos
del subconsciente
de aquel club de los poetas muertos...
...Y es que toda broma
tiene su parte de acierto.
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