Hay dos cosas que no entiendo:
Primero.
Tienes una apariencia cándida,
pero tus ojos esconden secretos.
Segundo.
Los relatos que me cuenta tu cuerpo
habla de un alter-ego
con ciertos hobbies siniestros.
Siendo esto cierto,
no me cuesta silenciar
la voz de mi pulcra moral.
Que se alarma
en cada uno de nuestros húmedos encuentros.
Y sucumbo a la ignorancia
de lo que es mío,
de lo que me es nuestro.
Hay dos cosas que entiendo
y una tercera que ronda mi cabeza
desde hace tiempo.
Tercera.
Me desvirga el sentimiento
esas cosas que tus manos me dicen
como poemas sin versos.

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